Intervención Mesa Redonda sobre Pequeño Comercio

El día 2 se celebró en Úbeda una mesa redonda sobre “Pequeño Comercio y Ética” organizada por PODEMOS Úbeda e Izquierda Unida Úbeda a la que fuimos invitados a participar. En nombre de EQUO acudió nuestro compañero David Palomino, miembro de la Mesa de Coordinación provincial y comerciante desde hace más de 30 años.

Os dejamos su intervención en este interesante evento compartido con Esther Izquierdo, de CC.OO., Arturo Gómez, de COOP57, y Rosa Rodríguez, presidenta de la Asociación de Vendedores del Mercado de Abastos de Úbeda.

 

“Quiero agradecer, en nombre propio y en el de mi partido, a PODEMOS e Izquierda Unida de Úbeda tanto la organización de esta charla-coloquio como el habernos invitado a participar en ella.

Estoy especialmente contento, además, de estar aquí tanto por la posibilidad de explicar lo que EQUO y la ecología política defienden con respecto a este tema como por el hecho de ser algo que me toca muy directamente puesto que yo soy comerciante desde hace treinta años, con un comercio ya de segunda generación y con establecimiento abierto desde el año 1975, y me gano la vida abriendo cada día mi negocio al público.

Estoy seguro de que alguno de vosotros se pregunta ¿qué hace un representante del partido verde en una mesa sobre pequeño comercio?

Es muy sencillo. Nuestra apuesta por ciudades sostenibles y compactas, con barrios autosuficientes, por canales cercanos de distribución, por la economía local y de cercanía, en definitiva por una ciudad cooperativa y solidaria hace que el apoyo al pequeño comercio sea algo que va en nuestro ADN político.

Queremos promover una conciencia ciudadana crítica y solidaria, que haga de la compra y el consumo conductas responsables, por sus repercusiones sociales y económicas. Defendemos un modelo de barrios autosuficientes que promuevan relaciones de vecindad y solidaridad entre los vecinos.

Otras personas en esta mesa han hablado de otros aspectos que atañen al pequeño comercio, la cercanía, el empleo, la financiación, etc así que a mí me gustaría centrarme en qué hacemos cuando apoyamos al pequeño comercio.

¿Somos conscientes de que, cuando hacemos la compra, tenemos un enorme poder?

¿Un poder que debemos utilizar para favorecer nuestros intereses y los de quienes conviven con nosotros y no los de las grandes corporaciones empresariales y grupos financieros?

Estamos convencidos de que las soluciones a la problemática del pequeño comercio no nos van a venir de los poderes públicos, cuyas políticas no dejan de reproducir los esquemas que nos han llevado a esta situación. Creemos que ha de ser la ciudadanía quien mueva las cosas en otra dirección, utilizando las capacidades que tenemos. Como consumidores, a la hora de elegir donde compramos, y como ciudadanos que ejercen sus derechos y optan por unos representantes que los defienden.

No tenemos realmente claro el enorme poder que los ciudadanos poseemos como consumidores. Cada día tenemos la capacidad de decidir el destino de muchos millones de euros. Podemos hacerlo de forma rutinaria o compulsiva, siguiendo adocenados los reclamos publicitarios, o ejercer ese poder de forma responsable, crítica y solidaria. Está en nuestras manos.

Apoyando al comercio de barrio favorecemos el consumo de proximidad. Así, los recursos económicos se reinvierten localmente, se distribuyen mejor, crean más posibilidades de empleo y mejor calidad de vida en nuestro entorno.

El comercio de barrio resulta más beneficioso económica y ecológicamente que el de las grandes superficies. No obliga a desplazarnos en coche, permite comprar de forma más ajustada a nuestras necesidades y no precisa de tanto gasto innecesario en promoción, embalajes e instalaciones.

Cuando decidimos donde compramos, hacemos mucho más que pensar si compramos aquí o allí, estamos definiendo un modelo de ciudad, diferente según cual sea nuestra decisión de comprar en el pequeño comercio o en las grandes superficies.

El modelo de ciudad que se basa en el pequeño comercio es un modelo solidario, compacto, de cercanía y vecindad.

El pequeño comercio aporta principalmente tres aspectos a su relación con la ciudad:

-Reinversión en un círculo próximo. Los pequeños comerciantes reinvierten todo lo que ganan en un círculo próximo, al contrario que las grandes cadenas que se llevan el beneficio fuera.

-Creación de puestos de trabajo de calidad. En España el pequeño comercio genera 8 veces más empleo que las grandes superficies. Éstas, en el mejor de los casos, lo trasladan convirtiéndolo además en empleo de mala calidad y de destrucción fácil en caso de crisis. Esto tienen una explicación fácil puesto que los pequeños comercios invierten mucho tiempo y dinero en formar a sus trabajadores y no quieren perder esa inversión, además de que se crea, en muchos casos, un vínculo personal entre empresarios y trabajadores que hace que el despido sea en muchas ocasiones la última opción a tomar.

-Es un factor de cohesión y desarrollo. Evita la emigración, crea seguridad, crea barrios autosuficientes, crea confianza…

Los comercios aportan a nuestras calles un plus de vida y seguridad que se echa en falta en cuanto el comercio desaparece y seguro que todos conocemos casos de calles que han perdido toda la vida en cuanto el comercio que había ha empezado a decaer y llega un momento en que nos resulta incómodo pasar por ellas.

Por otro lado, tradicionalmente el sector del comercio ha sido tranquilo, escasamente reivindicativo, dado que en general suelen ser personas que cada día tienen que abrir su local y ganarse la vida con lo que vendan, por lo que se temen las consecuencias ante la gente de una mayor significación pública. Pero en cambio el comercio y la gente que se dedica a él tenemos que jugar un papel muy importante en la vida económica y social de la ciudad, al menos en la medida de todo lo que aporta a la ciudad y a la ciudadanía.

También hemos sido poco asociativos, con lo que se pierde la fuerza que como colectivo tendríamos. Aislarse no es posible. La vida y el desarrollo de la ciudad influyen decididamente en el comercio así como un comercio con buena salud es imprescindible para unas ciudades fuertes y con vida social.

La implantación del modelo anglosajón de grandes centros comerciales establecidos además en las afueras de las ciudades, continúa inexorable en nuestras ciudades y pueblos y, mientras, el comercio local y tradicional agoniza, acorralado por la progresiva pérdida de sus ventas y sin recibir ningún apoyo real de las administraciones, al margen de las meras declaraciones de intenciones políticamente correctas. Más bien al contrario, se proponen medidas como la liberalización total de horarios, que abocaría al cierre a todavía más autónomos y pequeñas empresas comerciales. De hecho, las administraciones locales y autonómica apoyan sin reservas estos grandes proyectos que obligan, en muchos casos, a recalificar el uso de terrenos agrícolas y a realizar costosas inversiones en infraestructuras viarias y de transporte que sufragamos todos los contribuyentes.

David Palomino

Podemos y debemos cambiar esta tendencia favoreciendo a las pequeñas empresas que constituyen el 95% de la actividad empresarial y profesional andaluza, que garantizan una mejor distribución del trabajo y los beneficios, revirtiendo la inversión en nuestra propia tierra. Comprando en las tiendas de barrio propiciamos un modelo de comercio de proximidad que contribuye al sostenimiento de nuestros vecinos. Al mismo tiempo estamos apoyando el resurgimiento económico y social de los barrios con criterios de autosuficiencia y accesibilidad en el marco de una convivencia más humana y ecológica. Optando por los productos locales, por los elaborados artesanales, por los establecimientos familiares, por los servicios de profesionales autónomos, favorecemos la consolidación y creación de empleo digno y estable, y devolvemos la vida a nuestras ciudades.

Existen muchas medidas que podemos exigir que se lleven a cabo como regular el precio de los alquileres en el centro de las ciudades, con medidas fiscales, poner más trabas a las grandes superficies que suponen una competencia inasumible o dando vida a las calles con actividades alternativas, sostenibles y en las que las personas se puedan sentir implicadas.

Y todo ello, desde luego, exigiendo el máximo diálogo de las administraciones con todas las partes implicadas, vecinos, comerciantes, ciudadanía…¡que nada nos lo den hecho!

Para terminar me gustaría decir algo, más como comerciante que como político, no podemos ganar una guerra si dejamos que el enemigo elija el campo de batalla y las armas que vamos a utilizar. (¡Vaya símil se me ha ocurrido viniendo de un pacifista!)

No vamos a ganar usando sus Black Fridays ni sus 8 días de oro, nuestra apuesta es por la confianza, el trato personal y la cercanía.

Muchas gracias”

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