EQUO recibe su “bautismo” democrático

Hace unos días, se celebraba en Madrid el ansiado Congreso constituyente de EQUO. Y digo ansiado porque las prisas por proponer a la ciudadanía española una opción urgente de Gobierno nos obligó a irrumpir en el panorama político español y presentarnos a varios procesos electorales sin ni siquiera tener aprobados nuestros estatutos. Los lógicos desajustes derivados de la falta de una estructura y unas normas de funcionamiento sólidas tenían que resolverse y por fin, llegaba la cita para ello.

Más de 500 personas, la mayoría delegados y delegadas de los diferentes territorios donde EQUO tiene representación, nos encontramos en Madrid. Más tarde hemos sabido que hasta 5700 personas lo siguieron y pudieron ejercer su voto vía streaming. Nunca estuve rodeado de tanta buena gente con la aspiración común de cambiar, de cambiar para mejorar, para alcanzar una sociedad más justa, más solidaria y más ecológica. Indudablemente, eso supuso un espaldarazo para mi moral y estoy seguro que para la moral de la mayoría de las personas allí presentes.

El Congreso comenzaba con una fuerza que me impresionó. Con la participación de numerosas personalidades del mundo de la política, el movimiento sindical y las organizaciones no gubernamentales españolas. Tuvimos la suerte de contar por ejemplo con las intervenciones de Lilja Gretarsdeottir, del Partido Verde Islandés o de Mónica Frassoni, presidenta del Partido Verde Europeo. Para mí personalmente, recibir el apoyo de este tipo de símbolos del movimiento verde constituye un indicador de la relevancia de EQUO a nivel europeo.

Este comienzo de primer nivel creó probablemente en muchos y muchas de las asistentes unas expectativas que luego fueron desinflándose conforme las jornadas avanzaban. Porque no me cuesta trabajo reconocer que un partido joven como el nuestro, con muy pocos militantes que atesoren experiencia previa en política y mucho menos en la gestión de este tipo de eventos, finalmente mostró lo que era previsible, una organización defectuosa. Siendo más concreto, opino que la ambiciosa tarea de sacar de un Congreso de día y medio de duración una lista de documentos de funcionamiento y estrategia política donde participan más de 500 personas, requiere de un método específico y eficiente. Y a mi modesto entender, el problema al que nos enfrentamos fue ése, que el método de trabajo no resultó eficiente.

Pero esto es perfectamente normal, porque EQUO es un partido horizontal, donde los debates se pueden extender sin que a priori sea fácil predecir hasta cuanto. A veces conceptos simples generan debates interminables como consecuencia de la pluralidad de sensibilidades y de personalidades que se reúnen en EQUO. Y tal grado de horizontalidad y transparencia es lo que nos diferencia de todo lo demás, sin lugar a dudas. No se trata de asentir disciplinadamente a unos documentos que vienen redactados “desde arriba” y ocupar la mayor parte del tiempo a escuchar cómo los líderes arengan a las masas con discursos de autobombo. En nuestro caso se trata de debatir en un ejercicio de democracia extrema –si se me permite la expresión- todo lo que va a representar la forma de operar y la forma de mostrarse ante la sociedad de un partido que tiene la equidad, la democracia y la sostenibilidad como ejes fundamentales. Y es que con esos ejes tan complejos y a los que se les está atacando a diario desde los poderes públicos y privados, no se concibe otra forma de nacer políticamente que con el debate.

Se pueden ustedes imaginar la cantidad de apreciaciones, impresiones y conclusiones que se sacaron de este Congreso; seguramente tantas como personas asistimos. Podríamos ser más críticos aún con la organización del Congreso y con la metodología que se empleó, pero creo que la conclusión final que debo hacer, a modo de balance de 2 jornadas de trabajo en Madrid, es que si más de medio millar de almas conseguimos llegar al consenso en la mayoría de los asuntos tratados, si conseguimos salvar muchas de las diferencias históricas entre autonomías, si conseguimos entender las posturas de otros y de otras, si asumimos con respeto la derrota en determinadas votaciones, si conseguimos sonreir junto al compañero de asiento, si conseguimos dotarnos al fin de nuestros documentos básicos, el Congreso constituyente de EQUO fue un éxito rotundo.

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